FORT LAUDERDALE - El béisbol es el deporte nacional de Cuba, y por mucho tiempo ha unido --y separado-- a los cubanos en el exilio y en la isla.

Docenas de peloteros han desertado hacia Estados Unidos en las últimas décadas. El sábado, un grupo de esos jugadores retirados finalmente enfrentará a colegas de la isla en un partido que hubiese sido inconcebible hace unos años, y que estuvo a punto de estropearse este verano.

El encuentro en Fort Lauderdale será entre ex jugadores de los Industriales, la novena más laureada en el béisbol cubano.

El partido, en celebración por el 50mo aniversario del equipo, estaba programado para realizarse el mes pasado en la Universidad Florida International (FIU), en Miami. Sin embargo, la universidad canceló el acuerdo en julio, al citar supuestos "problemas con el contrato". Una carta del abogado de la universidad enviada a la Asociación Nacional para la Defensa de los Derechos Civiles de Estados Unidos apunta a que los dirigentes se pusieron nerviosos por la naturaleza política del evento.

Un pequeño pero activo grupo de cubanos exiliados había amenazado con boicotear los partidos, el primero de ellos programado para el mismo día que una conferencia en FIU organizada por una coalición de organizaciones de exiliados a favor de sanciones más severas de Estados Unidos contra Cuba y mayores restricciones para viajar de y hacia la isla.

Pero la política no estaba en mente de los cientos de aficionados que hicieron fila desde muy temprano afuera del estadio de Fort Lauderdale el sábado. Muchos vestían las camisetas y gorras azules de los Industriales, y comían hot dogs y postres de guayaba antes del partido en la plaza de comidas del estadio.

"Estoy emocionado, esto es muy bueno", dijo Carlos Campos, de 30 años y que salió de Cuba hace una década. Evadió las preguntas sobre la polémica. "Esto es sobre un partido, no sobre discusiones políticas".

Afuera del estadio, cerca de una decena de hombres y mujeres con banderas cubanas se reunían para protestar por el partido. Algunas de las personas dentro del estadio grabaron a los manifestantes con las cámaras de sus teléfonos pero siguieron alegres sobre el encuentro. Dos policías mantuvieron cierta distancia entre los aficionados que llegaban al lugar y los manifestantes.