Craig Kimbrel, Joe Nathan, Greg Holland, Edward Mujica y Mariano Rivera.

El cerrador de los Bravos, Craig Kimbrel, le cedió un hit a Omar Quintanilla de los Mets el martes en la noche. Pero bastó con una recta más para que Jacob Turner conectara un rodado a la tercera basa y el diestro completara su rescate #44 de la temporada.

Ver a Kimbrel permitir imparables se ha vuelto algo novedoso, ya que el diestro no ha admitido carrera limpia alguna desde el 4 de julio. Kimbrel es el mejor taponero del béisbol ahora mismo y parece estar destinado a ser uno de los más grandes en la historia.

Kimbrel ha conseguido 34 rescates consecutivos y no ha cedido carrera alguna en ese tramo, una hazaña que ningún otro pitcher de Grandes Ligas ha logrado. Cuando Eric Gagne estaba en su mejor momento por los Dodgers, tuvo una racha de 28 salvamentos consecutivos sin permitir anotaciones.

Kimbrel se destaca entre una camada de cerradores que ha registrado números impresionantes en el 2013.

Este quizás sea el año del cerrador.

Desde Greg Holland de los Reales y Joe Nathan de los Rangers, hasta Koji Uehara de los Medias Rojas y Kenley Jansen de los Dodgers, algunos taponeros han hecho que su labor luzca fácil.

Uehara, por ejemplo, ha logrado 17 salvamentos en 19 oportunidades desde que se convirtió en el cerrador de Boston a finales de junio. El japonés no es un cerrador de poder típico, pero se las ingenia con una recta que apenas alcanza las 90 millas por hora y un lanzamiento de los dedos separados muy eficaz.

En 27 presentaciones desde el 2 de julio, Uehara no ha cedido carrera alguna.

Y por otro lado está Holland. Al igual que Kimbrel, el diestro de los Reales es un lanzador de poder y tiene una recta que en ocasiones roza las 100 millas por hora. Prácticamente indescifrable, en 55 innings de labor, a Holland se le han embasado 48 corredores y el diestro ha conseguido 38 salvamentos en 40 oportunidades. Tiene un promedio de 14.1 ponches por cada nueve entradas y ha tolerado apenas una carrera limpia en sus últimas 25 presentaciones.

Algunos de los mejores cerradores del béisbol sí cuentan con rectas devastadoras, pero hay muchos otros que están dominando con pitcheos secundarios y una combinación de localización, movimiento y aplomo.

Ahora mismo, cuatro lanzadores - Kimbrel, Holland, Nathan y el venezolano Edward Mujica de los Cardenales - suman al menos 30 rescates y tienen una efectividad por debajo de 2.00.

Y no nos podemos olvidar del futuro Salón de la Fama, Mariano Rivera de los Yankees, quien ha logrado 40 salvamentos en una campaña por séptima vez en su carrera. El panameño de 43 años suma 41 salvamentos en 47 oportunidades esta temporada y el manager de los Yankees, Joe Girardi, dijo recientemente que le pediría al serpentinero que reconsiderara su decisión de retirarse.

En 18 temporadas de Grandes Ligas, Rivera ha terminado con al menos 40 salvamentos y un promedio de carreras limpias por debajo de 2.00 en siete ocasiones. Ningún otro relevista ha logrado dicha hazaña más de dos veces.

El veterano malogró el rescate contra los Medias Rojas en la dolorosa derrota de los Yankees el jueves, pero en general ha logrado mantener su nivel a pesar de que ha perdido velocidad. Dado el movimiento de sus pitcheos y su habilidad para localizarlos, Rivera luce capaz de lanzar varias temporadas más aun con una velocidad disminuida.

Otros taponeros han hallado el éxito a base de agallas. Mujica, por ejemplo, tiene 35 salvamentos y efectividad de 1.85 este año gracias a una recta de los dedos separados que se hunde justo cuando el bateador tiene que comprometerse a hacer swing.

La velocidad de Nathan también ha disminuido y el diestro ha estado tirando más sliders y curvas. Pero quizás nadie se ha dado de cuenta, ya que a sus 38 años de edad, Nathan ha conseguido 38 salvamentos en 40 oportunidades.

Posiblemente sólo aquellos equipos que no cuentan con un cerrador confiable puedan apreciar la ventaja de la que gozan los Bravos, Medias Rojas y otros clubes.

Muchos jugadores consideran que no hay peor forma de perder un juego que dejando escapar una ventaja en el noveno inning. Pero para algunos equipos, llegar a la última entrada con la ventaja esencialmente representa una victoria automática.